Nada más comenzar esta novela nos
encontramos que uno de los protagonistas Oscar Dunleavy ha desaparecido y su
padre y su hermano no saben nada de él. En la familia de Oscar han pasado por
una época bastante mala desde el fallecimiento de su madre y su hermano quedarse
en una silla de rueda.
Meg su mejor amiga, vive al lado de
Oscar, y desde bien pequeños se comunican desde sus ventanas de su habitación.
Todo cambiara ya que Meg se tiene de mudar por seis meses por que su padre le
ha salido un trabajo fuera... Meg llevara muy mal irse, sobre todo por alejarse
de Oscar, a la que siente más que una amistad.
Entre Meg y Oscar nos narraran cada capítulo
desde su punto de vista cosas del pasado y del presente para ir conociendo un
poco más de ellos, y lo que ha pasado con Oscar.
También encontraremos a Paloma que
mientras que Meg está viviendo fuera será la inquilina de su casa y de su
habitación, ella se interpondrá un poco en la amistad que tienen Meg y Oscar y hará
confundir mucho a Oscar. Pero en el fondo se llevara una decepción.
El
título de este libro se debe que Oscar nuestro protagonista tiene una gran
virtud, de hacer tartas de manzanas que le salen muy bien, y parece que cuando hace
una alegra a las personas.
Comencé este libro sin a ver leído
ninguna crítica de él, pero lo comencé con muchas ganas gracias a las buenas críticas
que mi amiga Inma me había contado de él. Al ser tan corto lo devoré en un
mismo día, aparte de por eso, porque me engancho la historia y quería saber que
pasaba al final.
La manera de que está escrito que cada capítulo
nos habla desde el punto de vista de uno u otro protagonista me ha gustado
mucho, así tenemos dos puntos de vista.
Aunque el final es un poco previsible
en cuanto vamos casi por medio de libro, te engancha de tal manera que lo
devoras.
Gracias a la editorial Maeva por el ejemplar.